Historias~

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Historias~

Mensaje por Kimiko el Sáb Mayo 22, 2010 3:07 pm

Bueno, lo pongo aquí mismamente.
Arte... no sé si se puede considerar así, pero lo que más me gusta y que me sale bastante aceptable es escribir historias. Mayoritariamente historias gore.
Y... bueno, aquí os dejo una por si os aburrís o algo así. ^^U


Título: La otra cara
Género: Gore
Número de capítulos: Tres (cada capítulo consta de tres partes)
Estado: En proceso de construcción
Recomendaciones: Esta historia no está recomendada para gente que tenga problemas con la sangre, torturas y sobre todo no está recomendado para gente que tenga problemas de estómago porque las descripciones que hay en la historia pueden producir arcadas y vómitos, no me gustaría ser la responsable de eso, y menos aún de que alguien se pille un trauma con mi historia, así que pido por favor a todos los que no os creáis capaces de soportar algo demasiado fuerte que no la leáis. Gracias. ^_^

Aviso: En serio, si no estais seguros de aguantar, NO LA LEAIS. El que la lea lo hace bajo su propia responsabilidad.


La Otra Cara
Capítulo 1: Masacre
Parte 1:
Spoiler:


(Flash back)
"Todo está oscuro, no puedo ver nada. Aún tengo los ojos hinchados, me duelen los párpados y casi no los puedo mantener abiertos. Estoy en una habitación oscura, y hay una puerta frente a mí, de repente se abre..."
(Fin del flash back)


Lucía un sol radiante en la calle, las casas brillaban ante los rayos de sol que bañaban sus paredes. El tiempo prometía que ese día iba a ser perfecto.
- Un día perfecto – murmuró alguien en la calle, llevaba unas gafas de sol y el pelo le caía a mechones castaños sobre la cara, sonrió y dejo entrever unos dientes blancos, perfectos, demasiado perfectos...

Cuando llegó a la comisaría estaba bastante cansada de que todo el mundo dijera que hoy iba a ser un día maravilloso, y que al ser sábado sería mucho mejor porque podrían divertirse esa tarde. Era muy pesado que todo el mundo pensase así, que todos pensaran lo mismo, no había ningún cambio en nadie, parecían robots creados para pensar eso.
- Jajaja – rió ante esa idea, robots. En realidad, ella era la única que no pensaba como los demás. Ella no pensaba que ese fuera un día maravilloso, sólo era otro sábado más de trabajo, y lo de salir por la tarde...¡ja! Nunca salía de casa los sábados por la tarde, ni por la noche, ni siquiera los domingos...

- Jefa – la llamaron a lo lejos, giró la cabeza para mirar de frente al muchacho que la había llamado, era uno de los nuevos, como ella, pero él no había tenido la misma suerte que la que ahora era su jefa -. Torres la está buscando, quiere verla.
- Muy bien, ahora mismo voy – dijo ella con voz cansada.
Luís Torres, era un hombre mayor, con canas y arrugas por toda la cara. Sin embargo, a pesar de su semblante turbio, su mal gusto para vestir y que debería haberse jubilado hacía por lo menos 5 años, era uno de los mejores policías que había en la comisaría. Despacio, ella fue hasta el despacho de Torres, estaba tan desordenado como siempre, y el Sargento se encontraba detrás de una enorme pila de papeles, sentado en una silla, y con un vaso de café en la mano derecha.
- Hola, Torres, ¿qué quieres?
Él levantó la cabeza y la miró a la cara.
- Por fin llegas.
- He llegado a la hora de todos los días, no me he retrasado ni un minuto.
Torres miró su reloj:
- Mierda, este maldito trasto se ha parado a las 10: 30
Cogió su reloj y lo lanzó con furia a una esquina de la habitación. Tras hacer esto su cara se descongestionó y se pudo ver claramente en ella unas enormes ojeras.
- Hoy no has dormido mucho, ¿verdad?
- ¿Dormir? Hoy no sé qué es eso.
- ¿Qué ha pasado?
- Acompáñame – le dijo a la muchacha mientras se levantaba pesadamente de la silla de madera y dejaba el vaso de café encima de la mesa, junto a un montón de papeles que amenazaban con caer al suelo.
Ella lo obedeció sin rechistar, sabía que fuera lo que fuera lo que había mantenido a su jefe despierto toda la noche, era importante y la razón por la que la había hecho llamar a primera hora nada más llegar a la comisaría.
Salieron a la calle y se metieron en un coche, condujeron sin decir ni una palabra hasta llegar a un piso en el centro de la ciudad, los cordones policiales recubrían todo el edificio, había cuatro policías que se encargaban de que nadie atravesara lo que estaba acordonado.
Torres salió del coche acompañado por su mano derecha, la señorita Fernández, alta y de esbelta figura, era una policía muy joven, casi recién salida de la academia, pero aún así era una de las más listas del cuerpo.
Ambos policías fueron directamente al bloque de pisos que estaba acordonado, entraron y se metieron en el ascensor. Torres apretó el botón del último piso, el que conducía al ático.
Una vez dentro el ascensor el sargento se apoyó en una de las paredes del aparato y mirando al suelo le dijo a su acompañante:
- Siento haberte traído hasta aquí, pero eres la única que podría haber soportado algo como esto, aunque seas nueva en la policía ya has resuelto bastantes casos tú sola, y creo que eres la única que me puede ayudar esta vez.
Luís Torres miró a los ojos de su acompañante, ella asintió con la cabeza.
- ¿Tan malo es? – preguntó muy seria.
El ascensor emitió un pitido que indicó la llegada al último piso. El sargento no dijo nada, se limitó a guiar a su joven acompañante por el pasillo hasta una puerta sellada por dos cordones policiales en forma de X. Luís arrancó los cordones y los tiró al suelo, en una esquina del pasillo. Se dio la vuelta y mientras giraba el pomo de la puerta, le dijo a su acompañante:
- Júzgalo por ti misma.
La puerta se abrió de par en par. Elis Fernández miró dentro del ático, no podía creer lo que estaba viendo. Se había quedado plantada en el suelo, como si de un árbol se tratase, no se podía mover.
- Pe...pe...pero ¿qué es esto? –Tartamudeó difícilmente.
- Esto es lo que me ha mantenido despierto casi toda la noche. Me avisaron a las tres de la mañana, la vecina del piso de abajo se dio cuenta de que su lámpara goteaba sangre, se asustó y llamó a la policía, cuando llegaron encontraron exactamente lo que estás viendo ahora.
Elis se adentró con miedo en el ático, intentaba con mucha dificultad no pisar la sangre, los trozos de objetos desperdigados por todo el piso, e incluso, las vísceras y las partes del cuerpo de las víctimas que decoraban todo el interior del ático.
- ¿Qué te parece?
- ¿Qué? ¿Que qué me parece? ¿Acaso me tiene que parecer algo? Creo que sea quien sea el que ha hecho esto está loco – Elis miró a su alrededor de nuevo, le temblaban los ojos, era espeluznante.

Las paredes estaban teñidas completamente de rojo, la sangre, ya seca, manchaba todos y cada uno de los objetos que quedaban enteros en el piso. Sobre una cama deshecha se encontraba el tórax de alguien, desde el cuello hasta por encima de las rodillas...el resto había desparecido, sólo se veía a la izquierda, oculta bajo una almohada ensangrentada un abultado objeto con forma redondeada. Elis supuso que eso sería la cabeza del muchacho, claro, si se podía llamar muchacho a eso.
Lo que quedaba de él estaba totalmente desmembrado, además, justo en el centro de su abdomen, a la altura del páncreas se abría una enorme herida que dejaba ver unas vísceras destrozadas por dentro.
Elis tuvo que apartar la mirada. Giró la cabeza a la derecha, y allí vio a la segunda víctima, era otro chico, o al menos eso demostraban las heridas de su cuerpo desnudo, aunque, en realidad le faltaban los genitales, había sido cortados completamente...
Elis tragó saliva con dificultad.
- Aún no los hemos encontrado – le aclaró el sargento.
Ella no daba crédito a lo que oía, aunque no era extraño que fuera difícil encontrar algo ahí, al fin y al cabo eso era una auténtica maraña de pedazos humanos. Elis volvió a mirar el cuerpo desnudo de la segunda víctima, esta parecía que había sufrido....¿menos? Tenía pequeñas incisiones por todo el cuerpo, eran diminutas y muy profundas, como si hubiesen sido hechas por un bisturí. Este chico tenía el abdomen entero, aunque había algo extraño en él, lo tenía ¿deformado? Parecía que había sido retorcido como un trapo mojado y además, la faltaban los pies a la altura de los tobillos. Éstos aún goteaban algo de sangre.
Por último Elis miró a su izquierda, bajo la ventana cerrada del piso había un cuerpo tirado en el suelo, era otro chico, éste no estaba del todo desnudo como sus compañeros. Aunque, probablemente había sido el que más había sufrido de todos. Tenía la cara totalmente deformada, con la nariz metida hasta dentro del rostro, y lo habían abierto en canal, además estaba casi totalmente vacío por dentro, probablemente él era el propietario de los órganos que decoraban la habitación. Le faltaban algunos dedos de las manos y tenía la pierna izquierda rota, casi totalmente desprendida del cuerpo, excepto por un hilito de fibras musculares y tendones que se veían un poco más claros entre tanto color rojizo de la sangre.

Elis apartó la mirada de la última víctima y dio un repaso general a la escena del crimen. el suelo estaba cubierto de vísceras y sangre, objetos rotos y huesos, brazos, dedos, y unos genitales que pululaban por algún rincón de la habitación.
Las paredes estaban manchadas de sangre, con algunas gotas más grandes, otras más pequeñas, algunas eran de una forma tan peculiar que parecían las marcas hechas por una fuente de agua...en este caso de sangre.
Y, en medio de todo eso, sobre la cama y pegada a la pared por un destornillador manchado, como el resto de la habitación, de sangre, había una nota, un papel totalmente rojo en el que ponía: "esto no ha hecho nada más que comenzar, ellos han sido los primeros, pero no serán los últimos, mi venganza acaba de empezar... "

- Al parecer vamos a tener asesinatos para rato, ¿verdad jefe?
- Eso parece – respondió Torres con cara de sueño y suspirando.
Elis bajó la cabeza y miró de nuevo el cuerpo que estaba bajo la ventana, de repente se fijó en algo que antes no había visto, eso era....
- ¡Luís! – gritó sin pensar.

Capítulo 1: Masacre
Parte 2:
Spoiler:
Esa misma mañana, horas antes, caminando por las calles de la cuidad, una persona iba murmurando mientras miraba a la gente pasar a través de sus oscuras gafas de sol:
- ¿Hoy un día perfecto? ¡Pero qué va! Ayer sí que fue un día perfecto, sobre todo anoche, con esos tres imbéciles....
De repente comenzó a reír, mientras, en su mente se iban acumulando las imágenes que darían vida a los recuerdos de la noche anterior....

(Comienzan los recuerdos)
Era una noche oscura, hacía frío en las calles de la cuidad, los tres amigos acababan de salir de un bar cuando se encontraron con ella.
Sonrieron nada más verla, era una chica muy guapa, tenía el cabello ondulado, color caoba, cortado a la altura de los hombros. Llevaba puestos unos pantalones vaqueros muy ajustados, y una camiseta de manga larga y escote de barco (que deja los hombros al descubierto)
Se acercaron a ella sin perder tiempo, y rodeándola, le dijeron:
- Hola preciosa, ¿qué hace una chica tan guapa como tú sola en mitad de la noche?
- Yo, yo estoy buscando a alguien – la chica estaba nerviosa, tartamudeaba por el miedo y el frío que sentía.
Los chicos sonrieron, y en su mirada se podía adivinar que sus intenciones no eran las mejores con esa chica...
- Nosotros te ayudaremos a encontrar a esa persona que buscas – se ofreció amablemente uno de ellos, sonriendo abiertamente.
- ¿De verdad?- La chica lo miró a la cara, sonriendo esperanzada.
"Seguro que debe estar pensando que somos unos muchachos tan simpáticos al ofrecernos a ayudarla...qué ingenua" pensaba uno de los chicos "no sabe lo que le espera..."

Amablemente los tres muchachos acompañaron a la chica a dar una vuelta a ver si encontraba a la persona que buscaba, pero, sin que ella se diera cuenta, los chicos la estaban llevando poco a poco hacia el ático donde vivían todos.
Después de treinta minutos en los que los cuatro estuvieron dando "vueltas" por calles solitarias donde no encontraron a esa persona que la chica estaba buscando, se pararon delante de un edificio que, "casualmente" resultó ser el bloque de pisos donde los chicos vivían.
- Oye, mira, aquí es donde vivimos nosotros, si quieres podemos pasar a descansar un rato y luego volver a buscar a esa persona, ¿no te parece?
Le preguntó muy amablemente uno de los muchachos a la chica, ella asintió sin pensarlo.
Los cuatro entraron en el edificio, que a esas horas estaba totalmente vacío. Se metieron en el ascensor y subieron hasta la última planta, hasta el ático.

Todos salieron de la cabina del ascensor y fueron hasta el final del pasillo, donde estaba la puerta que daba al ático. Dos de los tres chicos entraron nada más abrir la puerta de la vivienda, el otro se quedó detrás de la chica, que estaba en medio de los tres chicos.
- Pasa, pasa, no tengas miedo – dijo el último.
- Sí – asintió ella y dio otro paso hacia dentro del piso.
"Chiquilla ingenua" pensaba el más alto de los tres chicos "no tiene ni la menor idea de donde se ha metido..."

¡PLOF! El ruido de algo muy pesado que cae al suelo resonó en los oídos de los muchachos. El más alto de todos se dio la vuelta enseguida.
- ¿Pero qué coño es...?
Ni siquiera pudo terminar de decir la frase, se quedó mirando anonadado el cuerpo inerte de uno de sus amigos tirado en el suelo, sangrando por una reciente herida en la cabeza.
Miró a la izquierda del cuerpo de su amigo, y sólo pudo ver algo abalanzarse sobre su cara a toda velocidad...
¡CATAPLAF! Otro estruendo de un cuerpo cayendo pesadamente al suelo. El otro muchacho giró la cabeza rápidamente después de oír la segunda caída, pero detrás de él sólo pudo ver a sus amigos tirados en el suelo, inmóviles, la puerta que aún estaba abierta, y unos ojos intensamente negros que lo miraron a la cara antes de dejarlo inconsciente.

...

Una hora después despertó el primero de los chicos.
- ¿Qué ha pasado?
Abrió los ojos con dificultad y miró a su alrededor, estaba tumbado sobre la cama, con los brazos hacia arriba...intentó moverse, pero unas cuerdas se lo impedían...
Comenzó a ponerse nervioso. No podía mover los brazos porque tenía las muñecas atadas a la cabecera de la cama.
- ¿Pero qué coño es esto?
El chico se movía de un lado a otro, intentaba por todos los medios posibles acabar con las ataduras que lo mantenían inmóvil en la cama, pero era inútil. Las cuerdas que lo ataban a los extremos de la cama estaban demasiado bien apretadas. No podría desatarlas.
- Hola Micky - le dijo alguien a su lado -. Parece que ya te has recuperado de ese terrible golpe que te he dado, jaja.
Micky giró la cabeza para mirar de frente a su interlocutor. Aún teniendo ese aspecto, Micky recordaba esos inmensos ojos negros, lo último que había visto antes de desmayarse.
- ¿Quién eres tú? ¿Qué haces aquí?
- ¡Cállate! – Ordenó bruscamente la persona que Micky tenía a su lado. De repente se acercó mucho a él, pegando su cara a la de Micky, éste estaba temblando, esos ojos...irradiaban odio.
El agresor puso su mano derecha en la mejilla de Micky, lo acarició con dulzura mientras decía:
- No tengas ninguna preocupación, Micky, te aseguro que tus amigos y tú recibiréis el trato que os merecéis.
A Micky se le heló la sangre en las venas, temblaba de pánico.
- ¿Qué...qué...qué nos piensas hacer?
El agresor se alejó de Micky y de la cama, se puso en pie dándole la espalda a ambos.
- Nada....simplemente lo que os merecéis...jajajaja.

Bajo la ventana, un cuerpo se empezó a mover, le dolía todo. Se llevó las manos a la cabeza y al mirarlas se dio cuenta de que estaba sangrando.
- ¿Eh? ¡¿Qué es esto?! – Gritó con pánico.
Esa sombra negra que se mantenía erguida junto a la cama esbozó una enorme sonrisa.
- Al fin despertó – se dio la vuelta y miró a los ojos del chico que sangraba en el suelo, bajo la ventana -. Bienvenido al infierno Julian, o....- decía mientras rodeaba la cama y se arrodillaba al lado del muchacho - ¿debería llamarte Clark? Al fin y al cabo, así es como te llaman tus amigos, ¿no?
El aludido miró esos enormes ojos negros que lo miraban desde tan cerca, casi ocultos por dos mechones de pelo castaño.
- Creo, que ya que has despertado, puede comenzar la diversión...

Sobre la cama, a los pies de Micky, estaban ordenados algunos objetos, unos cuchillos cogidos de la cocina, un martillo, un destornillador....

El agresor cogió el destornillador, y se acercó a Julian. Él intentó moverse, escapar de ahí, pero ese asesino de ojos negros puso la pierna izquierda sobre el abdomen del muchacho, impidiendo que pudiera escapar. Con mucho cuidado echó la cabeza de Julian hacia atrás y la mantuvo inmóvil contra el suelo mientras con el destornillador apuntaba a la cara del muchacho, y decía:
- Siempre quise probar si sería divertido lo que hacían los egipcios a los cuerpos que momificaban, jeje.
El destornillador fue hasta la cara del muchacho, mientras él veía cómo se acercaba y no podía hacer nada para evitarlo, hasta que, agarrando el destornillador con todas sus fuerzas, esa sombra de ojos negros lo introdujo casi por completo en una de las fosas nasales de Julian. El pobre chico no podía hacer nada para evitarlo, se retorcía, pataleaba, intentaba por todos los medios zafarse del abrazo de quien sería su asesino, pero le era imposible.
El agresor sonreía, movía de un lado a otro el destornillador dentro de las fosas nasales del muchacho, hasta que un hilito de sangre y mucosa comenzó a salir por la nariz de Julian, y eso ya no le pareció tan divertido, así que decidió sacar la herramienta de la cavidad donde ahora estaba alojada, de manera que le dio un fuerte tirón al destornillador para que saliera, un tirón que hizo estremecerse a Julian, y que provocó que el chico lanzara un grito tremendo que resonó en los oídos de su torturador.
A su lado, inmovilizado en la cama, Micky intentaba ver, con pánico, lo que le estaba ocurriendo a su amigo, era horrible, ese psicópata los mataría a todos. Micky comenzó a gritar pidiendo ayuda con todas sus fuerzas, con la esperanza de que alguien lo oyera...aunque sabía que eso era imposible.

Mientras tanto, en el suelo, Julian sangraba enormemente por la nariz, y su agresor, encima de él, mantenía el destornillador apoyado en el abdomen de su víctima, justo en el esfínter de entrada al estómago. Álex (nuestro psicópata) sonrió con maldad.
- Siempre he querido probar esto – dijo mientras le clavaba el destornillador a través de la piel hasta llegar a la entrada del estómago. El metal del destornillador rasgó tejidos y músculos sin contemplación.
Mientras Julian gritaba de dolor, Álex intentaba por todos los medios hacer más grande la herida moviendo la herramienta de un lado a otro, pero no lo conseguía, así que cesó en su intento con el destornillador y decidió utilizar uno de los cuchillos que había encontrado en la cocina.
- Dicen que tú eres el más sano de todos estos idiotas, seguro que no te importará que te revise un poco por dentro, ¿verdad? – Le preguntó Álex mientras elegía uno de los cuchillos más afilados que había encontrado –. Y si te importa, lo siento, la decisión ya está tomada.
Dicho esto sonrió abiertamente y clavó el cuchillo en el abdomen de Julian, que lanzó un alarido mayor que los anteriores. Álex le hizo una incisión horizontal a lo largo de todo el diafragma, dejando al descubierto el estómago, el hígado y algunos otros órganos, que Álex disfrutó arrancándoselos de cuajo a Julian.
- No te importa que te quite esto, ¿verdad? – Decía cada vez que le arrancaba un órgano –. Ya no lo vas a necesitar.

Después de casi veinte minutos agonizantes, y de haber dejado el tórax de Julian completamente vacío, exceptuando corazón y pulmones para que pudiera seguir sufriendo, Álex y Julian se encontraban rodeados de vísceras y sangre.
- Bah – dijo Álex -. Eres muy aburrido, creo que es hora de que mueras de una vez.
Álex se dio la vuelta y vio que Julian aún pataleaba con fuerza.

(Flash back)
"La vi venir, pero no pude hacer nada para evitarla. "PLAF" El golpe resonó en mis oídos, la patada que me acababa de dar había dolido, y mucho..."
(Fin del flash back)

Se quedó mirando sus piernas durante un rato, sacudió la cabeza intentando quitarse esa imagen de la mente. Una vez que se despejó, Álex extendió el brazo hasta la cama, que quedaba justo a su espalda, y cogió con fuerza el mango de un martillo, mirando fijamente la pierna de Julian descargó con todas sus fuerzas el martillo sobre la tibia izquierda del muchacho.
Una lluvia de astillas óseas bañó el cuerpo semidesnudo de Julian, el muchacho gritó con todas sus fuerzas. El alarido que lanzó hizo temblar a su amigo Micky, el cual seguía tumbado en la cama.

El dolor que Julian sentía era insoportable, casi no podía respirar, sentía su sangre caliente correr por la piel de su cuerpo, un ardor en el abdomen por la falta de sus vísceras, y para colmo esto. Julian casi se desmaya después de que Álex le rompiera la tibia.
El muchacho respiraba a bocanadas, entrecortadamente y no podía mover ni el más pequeño músculo de su cuerpo. Álex lo miró, suspiró y dijo:
- Me aburres, creo que es hora de que acabe con tu sufrimiento, aunque no te lo merezcas...
Álex dejó en el suelo el martillo que había utilizado para romperle la tibia a Julian. Se inclinó sobre el rostro congestionado de dolor del muchacho, y lo miró a los ojos. Después le susurró algo al oído, Julian abrió mucho los ojos.
- No puede ser – dijo con la respiración muy agitada.
- Pues lo es – le respondió seriamente Álex -. Pero, por suerte para ti, ha llegado tu hora...
Tras decir esto levantó en alto su puño derecho y lo estrelló con fuerza contra la nariz de Julian, sonó un ruido, como cuando un plato cae al suelo y se hace trizas. El cartílago que formaba la nariz de Julian quedó incrustado dentro del hueco correspondiente en su cráneo, rompiéndole millones de vasos sanguíneos, y haciendo que se tragase su propia sangre. Julian intentaba respirar mientras sus pulmones se llenaban de sangre, mientras se ahogaba en sus propios fluidos. Comenzó a gritar, jadeaba casi sin poder respirar, llenando cada vez más sus pulmones con sangre, movía las extremidades a un lado y a otro, intentando en vano respirar aire. Se retorcía de dolor, de impotencia, jadeaba, gritaba, se movía con dificultad a un lado y a otro, empapado en sangre, ahogándose con sus propios fluidos, no tenía nada que hacer.

A su lado, Álex gritó después de darle el puñetazo.
- ¡¡¡Joder!!! ¡¡Maldita sea!! Este hijo de puta tiene la cara más dura de lo que imaginaba, creo que me he roto la mano.
Álex agitó la mano derecha una y otra vez, esperando a que el dolor se le pasara.
Se levantó de donde estaba, agarró el martillo y rodeó la cama para seguir con su siguiente víctima, mientras Julian, bajo la ventana cerrada, respiraba su propia sangre acabando lentamente con su vida...

Capítulo 1: Masacre
Parte 3:

Spoiler:
Álex rodeó la cama viendo cómo Julian se retorcía de dolor en el suelo, pero poco a poco se iban apagando sus movimientos, la agonía estaba dando a su fin.
Álex no le prestó atención a la agonía de Julian, ya se había cansado de jugar con el muchacho, ahora le tocaba al que tenía inmovilizado a la cama, con él todo sería mucho más rápido, tendría una muerte más corta, pero igual de dolorosa. Micky se revolvió sobre la cama, gritó, pero nadie lo escuchaba. Comenzó a lanzar patadas al aire, una de estas patadas le alcanzó a Álex en el brazo izquierdo, rápidamente se apartó de la cama, se llevó la mano derecha al bíceps izquierdo, donde le había alcanzado la patada que le había propinado Micky, después lo miró a los ojos. En ellos se reflejaba la furia.
- Estúpido niñato – murmuró.

Lentamente dejó el martillo en el suelo, junto a la cama, se acercó a los pies del chico y agarró con fuerza un hacha y miró a Micky, que seguía pataleando sobre la cama, de repente le agarró la pierna izquierda con la mano que tenía libre. El muchacho se quedó de piedra, Álex puso la pierna de Micky sobre la cama, y seguidamente apoyó su propia pierna izquierda en la del chico, levantó el hacha por encima de su cabeza.
Micky gritó con todas sus fuerzas:
- ¡¡¡Nooooooooooooooooooooooo!!!

Pero ya era demasiado tarde, el hacha se cernía sobre su pierna, cortando a su paso piel, músculo, y cuando llegó al fémur, se oyó un “CRAC” y el hueso se partió.
Micky lanzó un grito de dolor, su aullido resonó por toda la habitación.
Sin hacerle el menor caso, Álex tiró de lo que quedaba de la pierna del muchacho hasta arrancársela. Micky nunca había sentido tanto dolor como el que sentía ahora.
Álex ignoró totalmente el grito de Micky y le cogió la otra pierna, para repetir la operación, mientras por la otra herida salía la sangre a borbotones, manchando de rojo toda la cama. Le cortó la otra pierna por encima de la rodilla y sin pensárselo dos veces se la arrancó como la anterior.

Micky no dejaba de gritar sobre la cama, las lágrimas asomaban a sus ojos, no aguantaría mucho más esa tortura. De sus dos piernas, o lo que quedaba de ellas, salía la sangre a borbotones, probablemente Álex le habría seccionado la arteria femoral.

- Eso te enseñará a no tocarme nunca más, estúpido – le gritó con su voz aguda.
Dicho esto, mientras Micky seguía llorando y gritando sin parar sobre la cama, intentando mover lo que le quedaba de sus piernas, haciendo salpicar cada vez más la sangre y llenando de gotas las paredes, Álex cogió un cuchillo enorme y sin pensárselo ni un minuto le abrió una enorme herida a Micky en el abdomen, a la altura del páncreas.
El muchacho comenzó a sangrar abundantemente, mientras se dejaba la voz en un intenso grito que reverberaba por toda la casa.

Álex utilizó el cuchillo para destrozarle las vísceras mientras aún las tenía dentro de su cuerpo. Micky comenzó a echar sangre por la boca, tosía porque le era muy difícil respirar, Álex sonreía, se lo tenía merecido el muy...
Lo miraba agonizar, escupir sangre por la boca, desangrarse por las piernas, y sentía que estaba haciendo algo bueno, que nadie se lo agradecería nunca, eso lo sabía perfectamente, pero se conformaba con hacer un bien para la sociedad, porque creía firmemente que lo que hacía estaba bien hecho. Y quizá estuviese en lo cierto, o quizá no.

Micky tenía las manos atadas sobre su cabeza, hecho que hacía aún más difícil que se pudiera mover. Aunque eso no lo impedía para gritar, algo que molestaba mucho a Álex, y tras unos minutos de revolverle las vísceras en el interior de su cuerpo a Micky, Álex, con un brillo casi rojizo en sus enormes ojos negros, gritó:
- ¡¡¡Estúpido niñato!!! ¡¡¡Cierra la puta boca!!!
Con un rápido movimiento tiró el cuchillo al suelo y volvió a coger el hacha. El miedo brilló en los ojos de Micky cuando vio venir sobre su cabeza el filo del hacha, que le rebanó casi por completo y de una sentada el cuello, rompiéndole el axis, segunda vértebra cervical, y que le produjo una muerte instantánea.
- Te quedaste sin saber la sorpresa, por imbécil.

Álex jadeaba sobre el cuerpo sin vida del chico, del cuello de Micky salía un caño de sangre que tiñó de rojo lo que quedaba de la cama, y la pared que ésta tenía detrás. La cabeza del muchacho comenzó a rodar hacia la otra esquina de la cama, a causa de la fuerza que el hacha y el cuerpo de Álex ejercían sobre el colchón. La cabeza cercenada del muchacho quedó justo debajo de la almohada.

Álex se incorporó aún con el hacha entre las manos, estaba de muy mal humor después de lo que había pasado con Micky, y la cabeza le iba a reventar, notaba cómo los gritos de ese imbécil resonaban en su mente. "Estúpido" pensó "tengo que recordar cortarles la garganta la próxima vez, antes de que sus gritos me produzcan jaqueca".

Se dio la vuelta y miró al tercer chico, estaba tirado en el suelo, apoyado sobre la pared que estaba frente a la ventana, entre la puerta a la cocina y la puerta de salida del apartamento. Seguía inconsciente, se acercó más a él, y se dio cuenta de que no estaba inconsciente, sino dormido. Se asombró sobremanera, "pero, ¿cómo puede dormir en esta situación?"
Se arrodilló junto a él y le palmeó en la cara, el chico no dio señales de vida, seguía dormido. Álex se empezó a enfadar más, volvió a pegarle en la cara, esta vez con más fuerza, pero fue inútil. Álex gruñó y frunció el ceño a la vez que se levantaba, aún con el hacha en la mano derecha, y decía:
- Bueno, tendré que despertarte de manera..."extrema".
Y una sonrisa maquiavélica la cubrió el rostro. Levantó el arma sobre su cabeza, y la descargó sobre el tobillo izquierdo del muchacho, seguidamente repitió esa operación con el otro tobillo, y el chico despertó con un alarido. Alzó las manos por encima de su cabeza, y Álex, como acto reflejo, descargó su hacha sobre una de ellas, cortándole al muchacho tres dedos.

Él se agarró con la otra mano, y comenzó a gritar más fuerte, mientras agitaba la mano herida dejando aún más llena de sangre la habitación. Álex se incorporó y lo miró con desprecio, el chico estaba desnudo, tenía la espalda apoyada en la pared.
Álex lo miró de arriba a abajo, aún no sabía por qué lo había desnudado, simplemente lo había hecho, y ahora, mientras miraba el cuerpo desnudo de Joseph un recuerdo le asaltó la mente:

(Flash back)
"La primera embestida fue brutal, creí que después de eso jamás me volvería a levantar..."
(Fin del flash back)

Álex cerró los puños fuertemente alrededor del mango del hacha, ya sabía por qué le había quitado la ropa a ese bastardo. Levantó el hacha por encima de su cabeza....y la descargó entre las piernas de Joseph, cercenándole los genitales de un solo tajo...
El muchacho gritó con todas sus fuerzas...
- ¡¡¡¡¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!!
- Joder, que quejica estás hecho.
Álex lanzó lejos el hacha y se acercó a Joseph, le agarró el brazo derecho y se acercó a la cara del muchacho para susurrarle al oído:
- Pequeño Joseph... ha llegado tu hora...no has sufrido lo suficiente, pero ya no me queda tiempo para gastarlo contigo, mañana tengo que trabajar. Pero antes de irme, quiero que sepas algo sobre mí...
A Joseph casi se le salen los ojos de las órbitas cuando Álex terminó la frase, era totalmente imposible....y sin embargo, allí estaba...
Álex apoyó la pierna derecha sobre el abdomen del chico, y agarrando fuertemente el brazo derecho de él comenzó a tirar.
- Adiós, nos veremos en el infierno...pequeño...
De un solo tirón Álex logró doblar tanto el cuerpo de Joshep, que se partió la médula y murió al instante...

-Patético, como todo él.
Sus oscuros ojos se fijaron en un objeto rojizo y casi redondo que había en el suelo...a sus pies, vio que eran los genitales de Joseph...y esbozó una media sonrisa.
Antes de irse decidió dejar una nota, así que la escribió cuidadosamente en un papel manchado totalmente de sangre y decidió ponerla encima de la cama. Así que agarró de nuevo el destornillador y lo clavó con todas sus fuerzas en la pared, atravesando la nota.
Miró su obra de arte antes de salir por la puerta del ático, la cantidad de sangre era enorme. Sonrió, le encantaba como había salido todo.
Recogió sus cosas despacio y salió del bloque de pisos. Eran las 3: 12 de la madrugada, y tenía sólo 4 horas y 18 minutos para descansar.
-Al menos esto ha comenzado siendo divertido, jaja.
(Terminan los recuerdos)

Elis había gritado, no era normal que se comportara así, ella era una chica muy respetuosa y formal.
- No me había fijado hasta ahora, pero... ¿eso no es un tatuaje?
- ¿El qué? – Inquirió asombrado Torres.
Elis se acercó poco a poco al muchacho que yacía bajo la ventana, se agachó junto al cuerpo y señaló el cuello del muchacho.
- Esto – dijo -, creo que es un tatuaje.
- Posiblemente, pero ¿y eso qué importa?
Ella miró asombrada a su jefe, creía que lo recordaría. Se puso en pie de un salto, asustando a Torres.
- ¡Nos vamos! – Anunció.
Luís Torres no sabía qué decir, ¿desde cuándo había tomado el mando ella? Aunque realmente no le importaba, sabía que Elis era una policía eficiente.
Lo llamó desde la puerta del ascensor.
- ¡Vamos! No tenemos tiempo.
- Sí – Luís, obedeció de inmediato, pero ¿cómo había llegado ella hasta allí? Ni siquiera la había visto salir del ático.

Eran las 9: 45 cuando Elis y Torres entraron en la comisaría, una hora y quince minutos después de que salieran de allí.
- Estoy segura de haberlo visto antes – Elis rebuscaba por los papeles de las denuncias recientes, por fin encontró lo que buscaba-. ¡Aquí está!
Abrió el expediente, era una denuncia de desaparición hecha hacía tres días. Fue corriendo al ordenador más cercano y apartó al chico que se sentaba en la silla frente a la pantalla. El muchacho gritó enfadado.
- ¡Oye, lo estoy utilizando yo! Podrías pedir permiso al menos.
- Lo siento pero tengo prisa.
Elis introdujo los datos de la denuncia y cuando apareció en pantalla hizo "clic" en el nombre de uno de los chicos que habían presentado la denuncia. Pero ese no era.
- Mierda...- murmuró mientras hacía "clic" en el siguiente nombre. Entonces la pantalla del ordenador cambió y apareció el expediente de un muchacho, al ver su foto Elis abrió muchos los ojos, que se oscurecieron ligeramente... entonces se dio la vuelta y gritó -: ¡Luís, es este! ¡Lo encontré!
Torres se acercó al ordenador que Elis había..."tomado prestado" miró la foto que ella señalaba.
- Tenías razón, es ese chico.
La joven policía asintió.
- Julian Rodríguez – la chica sonrió por su logro, aunque en sus ojos aún había un atisbo de oscuridad -. Sabía que había visto ese tatuaje en otra parte.

Ya eran las diez de la mañana cuando el resto de policías llegaron a la comisaría. Uno de ellos se acercó a Luís y Elis.
- Jefe, lo estaba buscando.
- ¿Qué ocurre?
- Me han dicho que debo informarles a los dos que aún no hemos encontrado los genitales de uno de los muchachos.
Torres y Elis se miraron.
- ¿Podría ser que se los haya llevado..no sé, como si fuera un trofeo? – preguntó la chica.
- Sería muy extraño, pero es una posibilidad. Creo que a este asesino le falta un tornillo.
- O más de uno...

Capítulo 2: Investigación.
Parte 1:
Spoiler:
El chico que había sido encargado para comunicarles las novedades del caso tragó saliva con dificultad, no le hacía ni pizca de gracia la idea de que lo... castraran de una forma tan brutal y de que encima sus genitales sirvieran de trofeo para un psicópata. Era asqueroso.
- También quería informarles que la identificación de los cuerpos comenzará en breve.
- Ya no es necesario – dijo Elis -. Nosotros los hemos identificado ya. Sólo hará falta que confirmen si son ellos o no.
- Está bien...
El chico parecía incrédulo ¿cómo lo habían hecho tan pronto? Sabía que esos dos eran muy eficientes juntos pero... ¿tanto?
- Perdonen la pregunta, no dudo de su inteligencia ni su eficiencia, pero ¿cómo han conseguido sus nombres tan rápido?
- Por un tatuaje – intervino Torres -. Elis reconoció el tatuaje que llevaba uno de los chicos, Julian Rodríguez, y lo buscó en la base de datos, suponemos que los dos chicos que están con él son los mismos que lo acompañaron a presentar la denuncia hace tres días.
- ¿Qué denuncia?
- Es una denuncia de desaparición que Julian, Miguel y Joseph hicieron hace tres días sobre la desaparición de un amigo suyo, Javier Sánchez. Los muchachos decían que Javier llevaba una semana sin dar señales de vida, y que eso era muy extraño en él. Por eso decidieron presentar una denuncia de desaparición. Pero hasta ahora no se ha sabido nada de él.
- Entiendo. Bueno es hora de que me vaya, informaré de esto a los del laboratorio.
- Si –respondieron los otros dos.
El muchacho salió del despacho de Torres cerrando la puerta tras de sí. Luís suspiró.
- Pero hay algo que no entiendo.
Elis giró la cabeza para mirarlo a los ojos.
- ¿Qué?
- ¿Cómo es posible que nadie escuchara nada? Es decir, la hora de la muerte está estimada entre las 12 y las 3 de la mañana, los vecinos que estuvieran durmiendo deberían haber oído los gritos de los muchachos. Porque es imposible que te hagan lo que alguien les ha hecho a ellos y que no hayan gritado ni una vez. Algún ruido habrán tenido que escuchar, ¿no?
Elis lo miró con indiferencia.
- Ah, eso.
- ¿Cómo que “ah, eso”?
- Es que es normal que nadie oyera nada.
- ¿Normal? – Luís no daba crédito a lo que oía – Al contrario, es algo anormal que nadie oyera absolutamente nada, por favor, es que esos chicos no gritaron, ¿o qué?
- Aunque gritaran hubiera sido inútil, nadie los habría escuchado, y seguro serían conscientes de ello.
- No te entiendo.
- ¿Acaso no lo sabes?
- ¿Saber el qué? Elis me estás asustando.
La chica se rió.
- Jajaja, no te asustes, es que sencillamente el ático está insonorizado.
Luís Torres la miró sin creerla del todo. ¿Insonorizado?
- Pero…el informe no dice nada de eso.
- ¿Ah, no? Es que no he leído el informe – Elis esbozó una sonrisa inocente.
- ¿Y cómo puedes saber que el ático está insonorizado?
La sonrisa de la chica se borró de su rostro en cuanto Luís le hizo esa pregunta. Lo miró muy seria y después le dijo:
- Es que no es la primera vez que estoy allí, en ese ático.
Los ojos color avellana de Luís Torres estaban fijos en el rostro blanquecino que tenía frente a él. ¿Cómo que ella había estado en ese ático antes? ¿Por qué? ¿Cuándo? ¿Para qué? Miles de preguntas se agolpaban en su mente, pero no podía formularlas, tenía miedo de las respuestas. No dejó de mirar ni un instante a la joven policía que tenía frente a él, en el tiempo que llevaba trabajando allí se había convertido en una hija para él.
- Luís, no pienses nada raro, ¿eh?
Elis lo miró a los ojos, y esbozó una pequeña sonrisa mientras decía:
- A ver, es que ese ático perteneció hace años a un grupo de rock, los vecinos se quejaron múltiples veces del ruido que formaban al ensayar, así que decidieron insonorizarlo.
- Ah… -Atinó a decir Torres-. Pero ¿cómo sabes tú eso?
- Jajaja – la chica rió y el sonido de su risa inundó el despacho de su jefe -. Cualquier fan de ese grupo lo sabe, y yo soy uno de ellos.
El policía sonrió.
- No tenía ni idea de que te gustase el rock, jaja.
Elis se levantó y le dio la espalda a su jefe.
- Hay muchas cosas de mí que no sabes – después volvió a mirarlo -. Bueno, el caso es que el grupo se hizo famoso y decidieron cambiar de lugar de ensayo, así que pusieron en venta el ático. Yo quise comprarlo, pero Julian y los demás se me adelantaron. Y esa es la razón de que sepa que está insonorizado, jeje. ¿Qué te pareció la explicación?
- Muy buena, no tenía ni idea de eso.
- Sí, seguro que estabas pensando cosas raras de mí…
Luís se sobresaltó.
- ¿Yo? ¿Cómo puedes decir eso?
- ¡Porque te conozco!
Los dos comenzaron a reír a carcajadas, se llevaban muy bien. Elis se giró hacia su jefe.
- Deberías irte ya a descansar, son más de las diez y media.
- Sí, tienes razón, pero aún tenemos que buscar a alguien que conociera a los chicos.
- No te preocupes Luís, yo me encargo de eso, cuando pusieron la denuncia hablamos con los padres de Javier, aunque no sabían nada. Al parecer los que más información pueden tener sobre él son sus amigos.
- Pero están muertos – apuntó Luís.
- Tres sí… pero creo que el grupo era de cinco.
Torres alzó una ceja con escepticismo.
- Bueno, buscaré a ese quinto chico.
- Suerte Elis.
- Gracias... supongo – Elis le guiñó un ojo a su jefe y salió del despacho.
Luís Torres se quedó mirando la puerta cerrada por la que acababa de salir una de sus mejores policías en mucho tiempo.
- Creo que debería irme a casa, estoy muy cansado.
Cogió su chaqueta, que colgaba del espaldar de su silla, se levantó de ésta y cruzó su despacho para salir de allí definitivamente hasta el día siguiente. De repente una luz en el suelo le llamó la atención, se fijó y pudo distinguir la esfera de su reloj, el mismo que había lanzado horas antes. Se agachó y lo rescató de entre un montón de papeles arrugados que estaban desperdigados por todo el suelo del despacho.
- Bueno, con una pila nueva supongo que funcionará otra vez, jaja.
Abrió la puerta y se giró para ver por última vez la habitación, papeles por el suelo, una pila enorme de documentos sobre la mesa, decenas de carpetas abiertas... y allí, en una esquina de la mesa aún estaba la taza de café con la que se había mantenido despierto toda la noche. El estado del lugar era penoso.
- ¡Bah! Alguien lo limpiará.
Luís cerró la puerta tras de sí.

Llegó a su casa a casi las once de la mañana, cuando abrió la puerta su mujer acudió a su encuentro.
- Cariño ¿cómo es que estás aquí tan pronto?
Luís llegó hasta el sillón de la sala de estar y se acomodó en él, tenía el cuerpo entumecido y le pesaba más de lo normal.
- Elis se quedó a cargo de todo hasta que terminase el turno de hoy. Me dijo que viniera a descansar, realmente lo necesito.
- ¡Oh! ¿Llamaste a Elis para que te ayudara con este caso?
- ¿Qué querías que hiciera? Sabes que ella sería de los pocos policías que habrían entrado en ese ático y luego no habrían vomitado.
- Bueno sí... Pero sigue siendo sólo una chiquilla, me da pena que tenga que ver eso.
- Tú la conoces tan bien como yo, sabes que no es de las que se amedrenta con facilidad. Además, este es su trabajo, tiene que acostumbrarse a ver estas cosas.
- Sí...
Luís se levantó pesadamente del sillón.
- Bueno yo me voy a dormir un rato, no me despiertes a menos que sea algo realmente urgente.
- ¡Claro!
Luís besó a su mujer en la frente y subió las escaleras hasta la habitación, necesitaba un buen descanso urgentemente.

El despertador sonó, “riiiing”. Elis lo apagó dándose la vuelta en la cama, miró la hora.
- Son las ocho... ¿llevo toda la tarde durmiendo? Ummm, no tengo ganas de moverme de aquí...
Mientras programaba el despertador que debería levantarla para que al día siguiente pudiera acudir a la oficina deshizo la cama y se volvió a tumbar.
- Hasta mañana.
No pasaron más de diez minutos antes de quedarse dormida nuevamente.

Cuando despertó eran casi las doce de la noche, querría haber llamado a Elis para preguntarle qué tal el trabajo, pero pensó que era demasiado tarde. Tenía hambre así que bajó a cenar. En la cocina se encontró un plato de comida sobre la mesa, Gloria estaba en el jardín, mirando las estrellas. Se acercó a ella y se sentó a su lado con el plato entre las manos.
- Bonita noche, ¿verdad?
- Sí, me recuerda a la primera vez que trabajé con Elis.
Gloria rió suavemente ante ese comentario de su marido, ciertamente la primera vez que trabajaron juntos fue en una noche despejada como esa.
- Deberíamos ir a dormir, ¿no crees?
- Sí claro, pero seguro que tú no tienes nada de sueño, jeje.
- Pues realmente aún estoy cansado.
- Está bien – Gloria sonrió a la vez que recogía el plato de su marido y lo metía en el lavavajillas.
Luís cerró la puerta que daba al jardín y subió de nuevo a su habitación, pronto su mujer lo siguió. Tardó menos de lo esperado en quedarse dormido de nuevo.

“- Así que hoy llegará alguien nuevo... Espero que no sea el típico blandengue de siempre, me tienen harto con esos chiquillos de mamá.
- Está esperando en su despacho jefe.
- Voy a ver ahora mismo, gracias por informarme.
- Un placer.
Fui a mi despacho para conocer al nuevo miembro del cuerpo, abrí la puerta y lo que vi me asombró. Una chica vestida con el uniforme estaba erguida al lado de la pared. No era como el resto de nuevos, esos que están sonrojados cuando entran, o los típicos chulitos que se creen dioses por ser policías. Ella simplemente se mantenía erguida al lado de la pared, no dijo nada cuando entré en el despacho, se limitó a mirarme sin expresión alguna en el rostro.
Rodeé el escritorio y me senté en mi silla, sólo entonces ella se movió para ponerse frente a mí al otro lado del escritorio y me miró a los ojos, entonces le dije:
- Supongo que tú eres la nueva, ¿cómo te llamas?
- Elizabeth Fernández.
- Elizabeth ¿eh? Supongo que Elis para los amigos.
- No tengo amigos.
Me dejó de piedra, era contundente, fría, clara, concisa... ¿Cómo podía ser una chica de su edad y con su aspecto tan solitaria? Tenía unos ojos marrón oscuro que no brillaban especialmente, su cabello en melena corta era de un castaño claro. Era alta, delgada, un chica guapa realmente, y sin embargo tenía una actitud tan cortante...
- Bueno pues entonces tendré el privilegio de ser el primero en llamarte Elis.
Sonreí. A leguas podía notar que esa chica estaba necesitada de cariño, y no tenía ni idea de por qué, pero me caía bien, quizá fuese que era totalmente distinta a lo que estoy acostumbrado.
Se sorprendió cuando le dije eso, pero pronto volvió a su inmutabilidad.
- Está bien, como quiera – fue lo único que dijo antes de irse.
‘Qué chica más rara’ pensé, ‘aunque algo me dice que será una buena policía’.

Días después nos llamaron por un caso de asesinato. Tenía pinta de ser un ajuste de cuentas, en el aparcamiento público de un supermercado, de madrugada habían apuñalado a un hombre.
Llevé conmigo al mismo grupo de siempre, y por alguna razón quise llevar a Elis también.
- Probablemente esta sea la primera vez que veas un cadáver, pero no por eso debes asustarte ni nada por el estilo, eres policía al fin y al cabo.
Ella se limitó a mirarme sin decir nada, como siempre.
Cuando llegamos todo era como yo lo había previsto, el cadáver aún estaba envuelto en un charco de sangre, esperaba que al ver eso Elis saliera corriendo buscando un baño para vomitar. Pero, extrañamente, eso nunca pasó. Ella simplemente miró el cuerpo del hombre, analizando cada parte de la escena. Fue asombrosa la calma con la que podía mantenerse allí. Alguien tan joven, en su primera escena criminal y pareciera que llevaba haciendo eso años... Era increíble.

- Bueno... Veamos si encontramos algo relevante para la investigación.
Pasamos horas allí metidos, no había huellas ni arma del crimen, no había nada que nos diera una sola pista. Era una noche clara y bonita, pero no tenía ninguna gana de permanecer allí más del tiempo que fuera absolutamente necesario.
- Eh.
Elis me agarró de la gabardina y me llevó hasta un coche cercano.
- Allí – señalaba bajo el coche.
- ¿Qué?
- Mira debajo.
Me agaché y eché un vistazo, no vi nada.
- ¿Qué se supone que tengo que buscar?
Cuando giré la cabeza vi a Elis a mi lado, señalando algo.
- Eso.
Miré hacia donde apuntaba su dedo estirado y pude ver una colilla. “¿Eh? ¿Eso era todo?” Aunque me pareció una tontería llamé a los demás para que recogieran la muestra. Horas después nos fuimos de allí.
Al final resultó que la colilla había sido arrojada por el criminal, eso nos dio pie para buscar en su casa y encontrar todos los datos necesarios para cometer el crimen y el arma que se utilizó.
En cuanto me enteré hablé con Elis.
- Enhorabuena, encontraste lo necesario para resolver el caso. Muy bien hecho Elis.
Por primera vez la vi sonreír.
- Gracias jefe.
- Llámame Luís – le devolví la sonrisa alegre, ‘parece que he podido con esa capa tan dura’ –. Y acompáñame, vamos a celebrar tu éxito.
Sin esperar respuesta la llevé a mi casa, no sabía por qué, pero quería tenerla allí. La verdad es que Gloria aportó mucho a que ella se abriera. Nada más llegar a casa la saludó con un abrazo.
- ¡Hola! Tú debes ser Elis, ¿verdad?
- Sí...
- Mi marido me ha hablado mucho de ti. Estoy encantada de conocerte por fin, me llamo Gloria.
- Gra...Gracias, yo también estoy encantada señora.
- Oh, ¡no por favor! Llámame Gloria, y tutéame.
- Claro, como quieras – Elis se sonrojó ligeramente.
Aquél fue un buen día, fue la primera vez que llevé a alguien a mi casa, normalmente odiaba que la gente viniese porque siempre solían ser pedantes y antipáticos. Pero ella era distinta. Sin saber por qué la llevé aquella noche a mi casa, me alegré de haberlo hecho.”

Aún era pronto cuando Luís se despertó.
- Jaja, hace más de dos años que pasó aquello, más de dos años desde que conocí a Elis.
Tanto tiempo desde que Luís trajo a Elis por primera vez a su casa, tras esa vez vinieron muchas más, y Elis se acabó convirtiendo en la hija que Luís siempre quiso tener y nunca pudo. Se levantó y se vistió rápidamente, era domingo pero aún así él pensaba ir a trabajar hoy. Tenía algo que quería terminar cuanto antes.

Capítulo 2: Investigación.
Parte 2:

Spoiler:

Cuando abrió la doble puerta de la comisaría, Nicky, el muchacho que estaba haciendo el turno del día se quedó petrificado.
- Eh tío ¿qué haces aquí un domingo?
- Tengo algo que quiero terminar pronto.
- Pero podrías hacerlo mañana...
- No, cuanto antes mejor – eso sonó cortante, pero realmente Luís odiaba dejar un día más a ese violento asesino suelto por la ciudad, cuanto antes pudiera tener una pista que lo llevara a atraparlo, muchísimo mejor -. Me voy a mi despacho, Nicky si aparece Elis dile que la estoy esperando. ¿Está bien?
- Eh, ¡claro!
Luís desapareció entre la puerta de su despacho mientras Nicky se le quedaba mirando atónito. Tenía claro que aunque Luís y él eran familia nunca se habían llevado especialmente bien, pero nunca le había hablado de manera tan cortante. “Probablemente está preocupado por el caso del psicópata ese, ¡pero qué manera de ser antipático!”
- Aún es temprano, son sólo las ocho. Seguro que Elis llegará pronto – la verdad es que si alguien le hubiera preguntado por qué hacía esa afirmación no habría sabido qué contestar.
Luís se sentó en la silla de su despacho, extrañamente estaba limpio aunque seguía tan desordenado como lo había dejado el día anterior. Suspiró.
- Quizá debería ordenarlo un poco...
- Quizá no. Deberías ordenarlo mucho.
El Sargento levantó la vista al tiempo que Elis abría la puerta.
- Buenos días.
- Madrugas mucho para ser domingo.
- Jajaja, podría decir lo mismo de ti, yo ayer dormí mucho, pero ¿y tú?
- Bah, yo aún soy joven.
- ¿Me acabas de llamar viejo?
- No... Sólo un poco, jajaja.
- Jajaja.
Buen comienzo del día, riendo, bromeando, ambos se veían de muy buen humor, el descanso hace milagros. Elis agitó una carpeta que llevaba en la mano derecha, aún estaba apoyada en la puerta entreabierta del despacho de Luís.
- Bueno jefe, levanta el culo que tenemos trabajo que hacer.
- Como mandes.
El Sargento se levantó de su silla arroyando en el proceso uno de los montones de papeles que decoraban su escritorio. “Realmente necesito ordenar todo esto...”.
- Con cuidado... Que si además de que no nos van a pagar el día extra pierdes documentos te pego.
- Sí claro, como eres tan fuerte.
- Ponme a prueba.
Elis salió del despacho y dejó que la puerta se cerrara con un estruendo mientras Luís intentaba recoger un poco el estropicio que había formado. No sabía exactamente por qué pero prefería no poner a prueba a Elis.
Salió después de diez minutos, ella lo estaba esperando frente a su coche.
- ¡Qué rápido que eres ordenando!
- Todo ha sido en vano...
Sin decir nada más Luís se metió en el coche situándose en el asiento del acompañante. Elis lo siguió ocupando el asiento del conductor.
- ¿A dónde vamos?
- A tu edad... Y aún no sabes tener tus cosas bien ordenadas para que no se te rompa nada...
- ¿A dónde dices que vamos...?
- Jajaja, es sorpresa.
- Eso quiere decir que has encontrado a ese chico misterioso, ¿no?
- Tan audaz como siempre.
- Debiste trabajar mucho...
- Jaja.
Elis no respondió, lo importante era que iban a ver a la única pista que tenían sobre el paradero de Javier, ¿qué importaba lo demás?
Después de casi media hora de viaje llegaron a un pequeño edificio de apartamentos en las afueras de la ciudad. Era un edificio color amarillo, con marcas marrones de agua por toda la pared, en algunas partes la pintura estaba desconchada, o peor aún, el cemento se había resquebrajado.
Luís miró extrañamente el edificio, Javier era un chico de “clase alta” un niño rico vamos, ¿cómo era posible que tuviera un amigo íntimo que viviera en un lugar tan ruinoso?
- Esto.... Elis.... No es que desconfíe de ti.... Pero ¿estás completamente segura de que éste es el lugar?
- Totalmente. Tranquilo, ya sé lo que estarás pensando, pero es que el muchacho es un excéntrico – Elis salió del coche y comenzó a avanzar hasta la entrada del lugar.
Luís salió del coche y siguió a Elis hasta darle alcance justo al lado de la puerta del edificio.
- Oh vaya, no me lo hubiera esperado nunca después de ver dónde vivían los otros amigos de Javier, jaja.
- Qué gracioso eres Luís – aunque Elis dijo eso no llegó a sonreír en ningún momento, pero “el chiste ha tenido gracia, ¿verdad?” pensaba el sargento Torres.
Aunque el chiste hubiera sido el mejor de todo el mundo Elis habría seguido sin reírse, estaba demasiado concentrada en lo que les esperaba a su jefe y a ella detrás de esa puerta. Tocaron por consideración, aunque no esperaron una respuesta antes de entrar.
- ¿Hola? ¿Hay alguien? –la voz de Elis no sonó tan fuerte como cabría haber esperado, ya que por dentro el edificio parecía un hotel de cinco estrellas, o quizá más.
La entrada era austera si la comparábamos con el resto de la casa, por ejemplo el salón, una enorme habitación donde se encontraban tres sillones de cuero negro, una chimenea rústica, una mesa enorme y un mini-bar que no tenía nada de mini.
- ¿Quienes son ustedes y qué hacen aquí? – la voz procedía de detrás de Elis y Luís.
La muchacha contestó muy despacio:
- Si yo fuera tú bajaría ese arma y me calmaría antes de que te enseñemos las placas – giró la cabeza para mirarlo a la cara -. Claro, eso si no quieres que te detengamos por tener armas ilegalmente – Elis le sonrió -. Tú decides.
El chico bajó el arma y las escaleras. Se puso a la altura de los policías.
- Está bien, ¿qué quieren?
Luís había contemplado la escena con asombro, sabía de la frialdad de Elis cuando se trataba de hablar con delincuentes peligrosos, pero no tenía ni idea de que pudiera hacer eso con gente normal. Y también se preguntaba cómo había adivinado que el chico tenía un arma si estaba de espaldas a él.
“Mierda, putos policías” Jason pensaba que se había metido en un lío, pero él no sabía nada, seguro que no, llevaba un montón de tiempo sin saber de las locuras que sus amigos hacían para divertirse.
- No tengo todo el día, si tienen algo que decir díganlo ya o váyanse de mi propiedad.
- ¿Sabes que Javier ha sido secuestrado y que el resto de vuestro grupo fueron brutalmente asesinados hace unos días?
Al muchacho le cambió el color como cinco veces, pasó de blanco a verde en un tiempo récord. Al final parecía tener náuseas, quizá estaba imaginándose los cuerpos destrozados de sus amigos, aunque presumiblemente la realidad superaría con creces lo que pudiera imaginar.
- Eso..... Eso.... ¿Es verdad?
- ¿Crees que en la comisaría tenemos tanto tiempo libre que cuando nos aburrimos nos ponemos a hacer bromas de mal gusto? – Elis sonaba enfadada.
- Yo... supongo que no – hizo una pausa -. Dios, es horrible. Yo... no tenía ni idea de verdad.
Luís alucinaba cada vez más al oír la manera que Elis tenía para tratar con ese chico, ¿por qué le había soltado eso tan de repente? Debía intervenir si querían sacar algo en claro.
- Esto... veníamos a preguntarte sobre tus amigos, si tienes alguna idea sobre el paradero de Javier, es decir, algún sitio al que le gustase ir o algo así, para poder investigar desde dónde fue secuestrado. O si sabes dónde o con quién estaba Javier hace diez días a las cuatro de la tarde que fue cuando desapareció.
El chico volvió un poco en sí, aunque el color de su cara aún era verdoso y dudaba en lo que decía.
- No... No tengo la menor idea, la verdad es que yo estaba de viaje.... volví ayer. Ni siquiera había hablado con ellos aún. Llevo dos semanas en el extranjero.
“Oh vaya, así que no servirá de nada hablar con él”
- Bueno... en ese caso sentimos mucho su pérdida.
- Oigan... ¿las familias de mis amigos lo saben ya?
- Sí, se lo comunicamos ayer mismo.
- Está bien - Jason tuvo que sentarse en las escaleras, necesitaba sentir algo consistente.
- Eh.... Creo que es hora de que nosotros nos vayamos ya.
- Por favor manténgase fácilmente localizable, quizá sus conocimientos nos sirvan de ayuda para encontrar a Javier – Elis soltó eso antes de moverse de donde estaba, no había hablado ni movido un solo músculo desde que Luís comenzó a hablar con el muchacho.
- Claro... Estaré aquí todo el tiempo.
- Gracias por su colaboración – la joven policía se giró y salió por la puerta en un abrir y cerrar de ojos.
- Lo siento mucho – susurró Luís antes de desaparecer por detrás de la puerta principal del edificio.
Ambos policías entraron en el coche y comenzaron el trayecto hacia la comisaría.
- ¿Y esa actitud? – le preguntó Luís a su subordinada en el camino.
- ¿Qué actitud?
- Pues la tuya, evidentemente.
- Nada.... Es que no me sentía especialmente bien y pensé que si no hablaba así acabaríais viendo a una niñata. No quiero eso. Además sabes que siempre ha sido esta mi actitud.
- Bueno... supongo que sí – no muy convencido de ello Luís se giró para mirar el paisaje de la ciudad, ya estaban cerca de la comisaría. Realmente Elis había sido fría siempre, con todo el mundo, hasta que él consiguió ablandarla un poco. Aunque.... no sabía la razón, pero Luís creía que la actitud de hoy iba más allá de la frialdad usual de su subordinada, se había portado demasiado cortante.... Aunque quizá eran sólo imaginaciones suyas.

Jason se tumbó en el frío suelo del salón esperando que así se le enfriaran las ideas y se le pasaran las náuseas. Sus amigos.... ¿estaban muertos? Bueno, él ya se temía que tarde o temprano les pasaría algo así, después de todo ellos eran los primeros en jugar con fuego...


Elis y Luís llegaron a la comisaría poco tiempo después, se separaron nada más llegar y cada uno volvió a su casa. Durante todo el camino Luís no pudo parar de preguntarse qué le pasaría a Elis, la conocía sólo desde hacía dos años… Pero era inusual en ella portarse así, tenía que haber una razón y haría cualquier cosa para descubrirla.







La puerta se abrió dejando pasar la luz del sol, una brisa fresca inundó la vieja fábrica. El chico que estaba encadenado a la pared retrocedió intentando enfocar a la persona que se acercaba poco a poco hacia él, le costaba demasiado ver algo con los ojos tan hinchados. “¡Joder! Seguro que tengo un ojo morado…” pensaba. En ese momento la sombra vestida de negro se paró frente a él y le tiró agua a la cara.
- Dish…
- Aquí te dejo un poco de agua –dijo la sombra mientras le colocaba la botella de agua a una distancia aceptable de las manos a su rehén-, aún no quiero que mueras, Javier.


Miau miau miau... :3
A ver qué oz parece ^^-
Iré editando este tema cada vez que ponga algo nuevo.


Última edición por Kimiko el Dom Jul 04, 2010 3:00 pm, editado 5 veces

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Re: Historias~

Mensaje por Morgoth's_revenge el Sáb Mayo 22, 2010 6:50 pm

jajajaj bonita historia XD me imagino que con los tres chavales encerraron a un zombi hambriento jajaja XDD mola mola,a ver para cuando la próxima Wink
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Re: Historias~

Mensaje por Daruku el Dom Mayo 23, 2010 1:49 am

Ñam, a Daruku le gusta *_*
¿Para cuando el siguiente *-*?

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Re: Historias~

Mensaje por Kimiko el Dom Mayo 23, 2010 1:53 am

Teniendo en cuenta que tengo terminado hasta el 2.2... podría ponerlo ahora mismo. xD

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Re: Historias~

Mensaje por Hao el Dom Mayo 23, 2010 2:44 am

¿Y a qué estás esperando?
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Re: Historias~

Mensaje por Daruku el Dom Mayo 23, 2010 2:46 am

Más directo no ha podido ser xD

Es que se hace de rogar ¬¬, venga Kimi-neko que nos tienes esperando xD

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Re: Historias~

Mensaje por Kimiko el Dom Mayo 23, 2010 2:51 am

xDDD
Bueno... Voy a ello, pero después de este post os esperais porque este tiene que ser doble... Ya vereis por qué *kukuku*

Edito primer post para poner las partes 1.2 y 1.3
^^-

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Re: Historias~

Mensaje por yoruichi el Dom Mayo 23, 2010 12:18 pm

jajaja nos tienes intrigados no te hagas de rogar ponlo mujer jajajja

pero ya los has edidatado o aun no??? dimelo para saber si ya lo he leido todo o si tngo que leer algo mas Very Happy

pd: muy buena historia te llevas un punto positivo mio ademas es de las que me gustan suspense muerte,.,.....
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Re: Historias~

Mensaje por Kimiko el Dom Mayo 23, 2010 12:27 pm

Sí, edité anoche :3
Tengo el primer capítulo entero xD
Cuando vaya poniendo algo nuevo avisaré en un post por aquí X3

Para empezar con el segundo capítulo os vais a tener que esperar un poco... porque sino me pillais por donde voy escribiendo y no me gusta que me pase eso xD

PD: ¡Gracias! ^^-

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Re: Historias~

Mensaje por Kimiko el Mar Mayo 25, 2010 1:56 pm

Posteado capítulo 2.1
Perdón por el doble post, pero si no ni os enterais xD

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Re: Historias~

Mensaje por yoruichi el Mar Mayo 25, 2010 10:20 pm

ond sta puesto???¿?¿ que yo no lo veo :'(
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Re: Historias~

Mensaje por Kimiko el Mar Mayo 25, 2010 10:40 pm

En el primer post, voy editándolo cuando pongo algo nuevo ^^

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Re: Historias~

Mensaje por yoruichi el Vie Mayo 28, 2010 6:25 pm

ok lo leeo despeus que me kitan el pc ^^ ya estoy impaciente
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Re: Historias~

Mensaje por Kimiko el Dom Jul 04, 2010 2:55 pm

Bueno va, ya que terminé los exámenes y puedo seguir escribiendo os pongo la siguiente parte
:3

Capítulo 2: Investigación.
Parte 2:
Spoiler:

Cuando abrió la doble puerta de la comisaría, Nicky, el muchacho que estaba haciendo el turno del día se quedó petrificado.
- Eh tío ¿qué haces aquí un domingo?
- Tengo algo que quiero terminar pronto.
- Pero podrías hacerlo mañana...
- No, cuanto antes mejor – eso sonó cortante, pero realmente Luís odiaba dejar un día más a ese violento asesino suelto por la ciudad, cuanto antes pudiera tener una pista que lo llevara a atraparlo, muchísimo mejor -. Me voy a mi despacho, Nicky si aparece Elis dile que la estoy esperando. ¿Está bien?
- Eh, ¡claro!
Luís desapareció entre la puerta de su despacho mientras Nicky se le quedaba mirando atónito. Tenía claro que aunque Luís y él eran familia nunca se habían llevado especialmente bien, pero nunca le había hablado de manera tan cortante. “Probablemente está preocupado por el caso del psicópata ese, ¡pero qué manera de ser antipático!”
- Aún es temprano, son sólo las ocho. Seguro que Elis llegará pronto – la verdad es que si alguien le hubiera preguntado por qué hacía esa afirmación no habría sabido qué contestar.
Luís se sentó en la silla de su despacho, extrañamente estaba limpio aunque seguía tan desordenado como lo había dejado el día anterior. Suspiró.
- Quizá debería ordenarlo un poco...
- Quizá no. Deberías ordenarlo mucho.
El Sargento levantó la vista al tiempo que Elis abría la puerta.
- Buenos días.
- Madrugas mucho para ser domingo.
- Jajaja, podría decir lo mismo de ti, yo ayer dormí mucho, pero ¿y tú?
- Bah, yo aún soy joven.
- ¿Me acabas de llamar viejo?
- No... Sólo un poco, jajaja.
- Jajaja.
Buen comienzo del día, riendo, bromeando, ambos se veían de muy buen humor, el descanso hace milagros. Elis agitó una carpeta que llevaba en la mano derecha, aún estaba apoyada en la puerta entreabierta del despacho de Luís.
- Bueno jefe, levanta el culo que tenemos trabajo que hacer.
- Como mandes.
El Sargento se levantó de su silla arroyando en el proceso uno de los montones de papeles que decoraban su escritorio. “Realmente necesito ordenar todo esto...”.
- Con cuidado... Que si además de que no nos van a pagar el día extra pierdes documentos te pego.
- Sí claro, como eres tan fuerte.
- Ponme a prueba.
Elis salió del despacho y dejó que la puerta se cerrara con un estruendo mientras Luís intentaba recoger un poco el estropicio que había formado. No sabía exactamente por qué pero prefería no poner a prueba a Elis.
Salió después de diez minutos, ella lo estaba esperando frente a su coche.
- ¡Qué rápido que eres ordenando!
- Todo ha sido en vano...
Sin decir nada más Luís se metió en el coche situándose en el asiento del acompañante. Elis lo siguió ocupando el asiento del conductor.
- ¿A dónde vamos?
- A tu edad... Y aún no sabes tener tus cosas bien ordenadas para que no se te rompa nada...
- ¿A dónde dices que vamos...?
- Jajaja, es sorpresa.
- Eso quiere decir que has encontrado a ese chico misterioso, ¿no?
- Tan audaz como siempre.
- Debiste trabajar mucho...
- Jaja.
Elis no respondió, lo importante era que iban a ver a la única pista que tenían sobre el paradero de Javier, ¿qué importaba lo demás?
Después de casi media hora de viaje llegaron a un pequeño edificio de apartamentos en las afueras de la ciudad. Era un edificio color amarillo, con marcas marrones de agua por toda la pared, en algunas partes la pintura estaba desconchada, o peor aún, el cemento se había resquebrajado.
Luís miró extrañamente el edificio, Javier era un chico de “clase alta” un niño rico vamos, ¿cómo era posible que tuviera un amigo íntimo que viviera en un lugar tan ruinoso?
- Esto.... Elis.... No es que desconfíe de ti.... Pero ¿estás completamente segura de que éste es el lugar?
- Totalmente. Tranquilo, ya sé lo que estarás pensando, pero es que el muchacho es un excéntrico – Elis salió del coche y comenzó a avanzar hasta la entrada del lugar.
Luís salió del coche y siguió a Elis hasta darle alcance justo al lado de la puerta del edificio.
- Oh vaya, no me lo hubiera esperado nunca después de ver dónde vivían los otros amigos de Javier, jaja.
- Qué gracioso eres Luís – aunque Elis dijo eso no llegó a sonreír en ningún momento, pero “el chiste ha tenido gracia, ¿verdad?” pensaba el sargento Torres.
Aunque el chiste hubiera sido el mejor de todo el mundo Elis habría seguido sin reírse, estaba demasiado concentrada en lo que les esperaba a su jefe y a ella detrás de esa puerta. Tocaron por consideración, aunque no esperaron una respuesta antes de entrar.
- ¿Hola? ¿Hay alguien? –la voz de Elis no sonó tan fuerte como cabría haber esperado, ya que por dentro el edificio parecía un hotel de cinco estrellas, o quizá más.
La entrada era austera si la comparábamos con el resto de la casa, por ejemplo el salón, una enorme habitación donde se encontraban tres sillones de cuero negro, una chimenea rústica, una mesa enorme y un mini-bar que no tenía nada de mini.
- ¿Quienes son ustedes y qué hacen aquí? – la voz procedía de detrás de Elis y Luís.
La muchacha contestó muy despacio:
- Si yo fuera tú bajaría ese arma y me calmaría antes de que te enseñemos las placas – giró la cabeza para mirarlo a la cara -. Claro, eso si no quieres que te detengamos por tener armas ilegalmente – Elis le sonrió -. Tú decides.
El chico bajó el arma y las escaleras. Se puso a la altura de los policías.
- Está bien, ¿qué quieren?
Luís había contemplado la escena con asombro, sabía de la frialdad de Elis cuando se trataba de hablar con delincuentes peligrosos, pero no tenía ni idea de que pudiera hacer eso con gente normal. Y también se preguntaba cómo había adivinado que el chico tenía un arma si estaba de espaldas a él.
“Mierda, putos policías” Jason pensaba que se había metido en un lío, pero él no sabía nada, seguro que no, llevaba un montón de tiempo sin saber de las locuras que sus amigos hacían para divertirse.
- No tengo todo el día, si tienen algo que decir díganlo ya o váyanse de mi propiedad.
- ¿Sabes que Javier ha sido secuestrado y que el resto de vuestro grupo fueron brutalmente asesinados hace unos días?
Al muchacho le cambió el color como cinco veces, pasó de blanco a verde en un tiempo récord. Al final parecía tener náuseas, quizá estaba imaginándose los cuerpos destrozados de sus amigos, aunque presumiblemente la realidad superaría con creces lo que pudiera imaginar.
- Eso..... Eso.... ¿Es verdad?
- ¿Crees que en la comisaría tenemos tanto tiempo libre que cuando nos aburrimos nos ponemos a hacer bromas de mal gusto? – Elis sonaba enfadada.
- Yo... supongo que no – hizo una pausa -. Dios, es horrible. Yo... no tenía ni idea de verdad.
Luís alucinaba cada vez más al oír la manera que Elis tenía para tratar con ese chico, ¿por qué le había soltado eso tan de repente? Debía intervenir si querían sacar algo en claro.
- Esto... veníamos a preguntarte sobre tus amigos, si tienes alguna idea sobre el paradero de Javier, es decir, algún sitio al que le gustase ir o algo así, para poder investigar desde dónde fue secuestrado. O si sabes dónde o con quién estaba Javier hace diez días a las cuatro de la tarde que fue cuando desapareció.
El chico volvió un poco en sí, aunque el color de su cara aún era verdoso y dudaba en lo que decía.
- No... No tengo la menor idea, la verdad es que yo estaba de viaje.... volví ayer. Ni siquiera había hablado con ellos aún. Llevo dos semanas en el extranjero.
“Oh vaya, así que no servirá de nada hablar con él”
- Bueno... en ese caso sentimos mucho su pérdida.
- Oigan... ¿las familias de mis amigos lo saben ya?
- Sí, se lo comunicamos ayer mismo.
- Está bien - Jason tuvo que sentarse en las escaleras, necesitaba sentir algo consistente.
- Eh.... Creo que es hora de que nosotros nos vayamos ya.
- Por favor manténgase fácilmente localizable, quizá sus conocimientos nos sirvan de ayuda para encontrar a Javier – Elis soltó eso antes de moverse de donde estaba, no había hablado ni movido un solo músculo desde que Luís comenzó a hablar con el muchacho.
- Claro... Estaré aquí todo el tiempo.
- Gracias por su colaboración – la joven policía se giró y salió por la puerta en un abrir y cerrar de ojos.
- Lo siento mucho – susurró Luís antes de desaparecer por detrás de la puerta principal del edificio.
Ambos policías entraron en el coche y comenzaron el trayecto hacia la comisaría.
- ¿Y esa actitud? – le preguntó Luís a su subordinada en el camino.
- ¿Qué actitud?
- Pues la tuya, evidentemente.
- Nada.... Es que no me sentía especialmente bien y pensé que si no hablaba así acabaríais viendo a una niñata. No quiero eso. Además sabes que siempre ha sido esta mi actitud.
- Bueno... supongo que sí – no muy convencido de ello Luís se giró para mirar el paisaje de la ciudad, ya estaban cerca de la comisaría. Realmente Elis había sido fría siempre, con todo el mundo, hasta que él consiguió ablandarla un poco. Aunque.... no sabía la razón, pero Luís creía que la actitud de hoy iba más allá de la frialdad usual de su subordinada, se había portado demasiado cortante.... Aunque quizá eran sólo imaginaciones suyas.

Jason se tumbó en el frío suelo del salón esperando que así se le enfriaran las ideas y se le pasaran las náuseas. Sus amigos.... ¿estaban muertos? Bueno, él ya se temía que tarde o temprano les pasaría algo así, después de todo ellos eran los primeros en jugar con fuego...


Elis y Luís llegaron a la comisaría poco tiempo después, se separaron nada más llegar y cada uno volvió a su casa. Durante todo el camino Luís no pudo parar de preguntarse qué le pasaría a Elis, la conocía sólo desde hacía dos años… Pero era inusual en ella portarse así, tenía que haber una razón y haría cualquier cosa para descubrirla.







La puerta se abrió dejando pasar la luz del sol, una brisa fresca inundó la vieja fábrica. El chico que estaba encadenado a la pared retrocedió intentando enfocar a la persona que se acercaba poco a poco hacia él, le costaba demasiado ver algo con los ojos tan hinchados. “¡Joder! Seguro que tengo un ojo morado…” pensaba. En ese momento la sombra vestida de negro se paró frente a él y le tiró agua a la cara.
- Dish…
- Aquí te dejo un poco de agua –dijo la sombra mientras le colocaba la botella de agua a una distancia aceptable de las manos a su rehén-, aún no quiero que mueras, Javier.

La posteo arriba también :3

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Re: Historias~

Mensaje por DamagedBrainzs el Lun Jul 05, 2010 6:16 pm

La ciudad

Spoiler:
Notó el viento en la cara. Un escalofrío la recorrió de arriba abajo.
Desde ahí la ciudad se veía preciosa. Sus altos edificios iluminados en
blanco, azul... algún tono anaranjado y el negro por encima de todo. Las
luces encendidas formaban un bonito diseño.

Sacó un
cigarrillo del pantalón, lo encendió con cuidado y dio una profunda
calada. El humo que salía por su boca le nubló la mirada durante unos
segundos pero rápidamente volvió a aparecer la ciudad ante sus ojos. Se
agachó, manteniendo el cigarro en la boca, fuertemente sujetado entre
sus labios y sin dejar de mirar al frente. Con la mano derecha cogió lo
primero que se encontró, se incorporó, lentamente, con una mueca que en
última instancia podría haber sido el amago de una sonrisa, observó lo
que tenía delante, trató de calmar su respiración, sopesó el objeto y lo
lanzó tan fuerte como su brazo se lo permitió.

Unos
instantes más tarde sus oídos captaron el sonido de una alarma, pero su
mente estaba ya en otra parte. La mueca se hizo más exagerada.


Estaba mirando la ciudad sin mirarla, los ojos más allá del simple
acero y vidrio. Sintió los mismos olores de todas las noches, atascados
en su nariz, los mismos ruidos, incluso el mismo sabor amargo que se te
instalaba en la boca.

Otra calada, los sentidos nublados por
otro instante, pero de nuevo un instante nada más. No era suficiente.
Necesitaba
más.

La ciudad se estaba apoderando de ella.

Bajo
sus dedos sentía la textura del hierro oxidado de la escalera de
incendios. La oxidada, fría y húmeda escalera. Mucho mejor que cualquier
cosa que sus dolidos sentidos pudiesen captar. Con diferencia.


La última calada.

Sabía, sin mirar el cigarrillo, que era
la última. Y por ello fue tan larga. Notaba el humo entrando en su
cuerpo, rellenando hasta la última oquedad de su ser. Se regodeó en esa
sensación.
Cuando sus pulmones no pudieron expanderse más tomó la
colilla entre dos dedos y, aguantando la respiración y con los ojos
cerrados, extendió los brazos a ambos lados de su cuerpo.


Perdió la noción de cuanto tiempo estuvo así cuando, de repente, la
colilla se resbaló de entre sus dedos, cayendo al vacío que se removía a
sus pies. Una bocanada de humo salió de su boca, sintió el aire frío de
la noche en la cara y se dio cuenta de que llegaría antes al suelo que
la propia colilla.

“Jódete Newton”


Los ecos de
una carcajada resonaron por las calles cercanas durante varios minutos.


Por su propio bien
Spoiler:

Está muerto. Al final se lo
cargaron. Le advertí que pasaría pero no quiso hacerme caso. Al fin y al
cabo, ¿qué sabía yo?. Le encontré, tirado en su bañera, vestido aún,
con los ojos vidriosos mirando hacia el infinito y rodeado de su propia
sangre, que creaba interesantes manchas en las baldosas del suelo. Se lo
cargaron y aún así tuvo tiempo para escribir su última frase, para
dejar algo al mundo una vez que él lo hubiese abandonado para siempre.

“A
pesar de todo, nada me hará dudar de la bondad humana”


Cuanta
mentira en tan poco espacio. Ahora, y mientras espero la llegada de la
policía, miro como el papel, el último pensamiento de mi amigo, arde en
la chimenea de su salón. Él comprendería que lo hago por su propio bien
.

La otra puerta
Spoiler:

Era un edificio de apartamentos no muy
grande, unas seis o siete plantas tan solo. Una puerta por piso, una
familia por puerta. Ella vivía allí. No era ni muy alta ni muy baja, ni
muy gorda ni muy delgada y puede que no llevase gafas. Aunque también
podría haber sido todo lo contrario. Lo que sí es seguro es que tenía la
edad. Esa edad en la cual ya no se es lo suficientemente pequeño como
para creer en la magia ni lo suficientemente adulto como para haberla
olvidado.


El piso que
nos interesa es el mismo que le interesaba a ella: el último. El piso en
el cual estaba el trastero y al cual apenas si alguien subía. Excepto
ella. Ese piso no tenía realmente nada excepcional, al menos para los
ojos poco expertos.


En
el rellano había una ventana por la que se filtraba con más o menos
intensidad la luz durante todo el año. También había una pequeña
claraboya en el techo, demasiado sucia como para poder percibir lo que
había al otro lado y estaba la puerta que daba al trastero. Aunque
también había otra cosa. Había otra puerta, idéntica a su compañera y
situada justo enfrente. La única diferencia es que al contrario que con
el resto de puertas del edificio, ella no tenía ni idea de que podía
haber al otro lado, si bien una cosa estaba clara: debía de llevar a
alguna parte. Todo el mundo sabe que las puertas dan a algún sitio. Es
su naturaleza y nadie lo puede cambiar.

A ella le gustaba subir a
allí arriba, donde todo estaba siempre en silencio, acompañada de sus
libros, a leer. Leer le daba la oportunidad de hacer algo que nada más
podía y era escapar de la realidad. Era su pequeño secreto y estaba
segura de que era algo que el resto de la gente ya había olvidado, por
eso guardaba su secreto con tanto celo,
Subía siempre que podía y se
pasaba horas y horas leyendo. A veces para ella, a veces a media voz si
el pasaje en cuestión era especialmente bueno.

Solía apoyar la
espalda en la esquina que estaba al lado de la puerta del trastero,
cerca de la ventana para poder ver sin forzar la vista.
Llevaba tanto
tiempo subiendo allí que apenas si podía pensar que alguna vez no lo
había hecho y siempre era igual. Escaparse a hurtadillas de casa, con un
par de libros bajo el brazo, subir lentamente por las escaleras,
comprobar que no necesitase más luz y sentarse en su esquina a leer.
Tanto tiempo que ya lo hacía automáticamente.

Pero un día fue
distinto. Porque, si bien llevó a cabo el ritual paso a paso como
siempre hacía, cuando se encontraba murmurando las palabras contenidas
en las páginas de uno de los libros, un pájaro que probablemente pasó
demasiado cerca de la ventana, soltó un graznido y eso le hizo pegar un
pequeño brinco y levantar la cabeza. Fue entonces cuando se fijó en la
segunda puerta. Sabía que siempre había estado allí pero fue como si la
viese por primera vez y, algún pensamiento pasó por su cabeza en ese
momento que le hizo cerrar el libro, ponerse en pie, y sentarse justo en
el sitio opuesto a donde estaba, al lado de la otra puerta.

A
partir de ese día ese fue su nuevo sitio. Y ya nunca leía para sí misma
como solía hacer a menudo, si no que leía en voz baja pero clara, como
si le contase las historias a alguien. Y cada poco levantaba la mirada y
la dirigía hacia esa puerta. Se sentía feliz. Feliz y acompañada. Esa
otra puerta, por alguna razón, le hacía compañía en la soledad del
último piso.
Pasaban los días y ella seguía subiendo sin falta a leer
a su rincón personal, a leerle a la otra puerta y a quien quiera que
estuviese al otro lado.

Pero el día de su cumpleaños fue
distinto, si bien empezó de la misma manera. Subió, se sentó y comenzó a
leer el libro que le habían regalado cuando otro pensamiento de
naturaleza similar al que en un principio le hizo cambiar de sitio le
hizo levantarse y, con el libro en una mano, miró a la puerta fijamente y
casi sintió como la puerta le devolvía la mirada. Una mirada única. Y,
sin soltar el libro, puso la mano libre en el pomo y lo giró.



No
recuerdo quién ni cuando me contaron esta historia. Incluso es probable
que la haya soñado. Lo único que sé es que cada vez que subo al
trastero y paso por delante de la otra puerta, mi mente se llena de los
ecos de mundos distintos, olvidados ya por el hombre. Y que una voz muy
suave y clara inunda mis oídos y me narra una historia que no soy capaz
de comprender pero que siempre me provoca una sutil sonrisa.


si los leeis ya me diréis que os parecen xD

cualquier crítica constructiva siempre es algo bueno ^^
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